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Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. (Lucas 19:10)

A finales del 2010 me encontraba en la playa con unos hermanos de la asamblea donde me congregaba antes; mientras bañaba en el mar, poco a poco fui cada vez más adentro hasta el punto que las personas en la playa las miraba como mis dedos de la mano de pequeñas. De repente una tensión y un dolor fuerte en una de mis piernas me imposibilitó moverme, luché por sostenerme a flote hasta que llegué al punto que me quedé sin energías. Por un momento pensé que iba a morir ahogado en ese momento, desesperado empecé a gritar: ¡Ayúdenme por favor! ¡Auxilio!
Un socorrista estaba quizá a unos 50 metros de mí; se acercó poco a poco pero solamente me observaba… Ocupé mis últimas energías en gritarle con fuerzas: ¡Ayúdeme! Hasta que me rendí y de inmediato me sujetó y me llevó a la playa.

Este suceso me hizo pensar en la condición espiritual de un pecador sin Cristo, perdido en un océano de pecado a punto de hundirse y quedar sumergido en un eterno sufrimiento. Pero hay “Buenas nuevas para ti”. La Biblia dice que Jesús, el Hijo de Dios, vino a este mundo a Salvar a los pecadores, aquellos perdidos y sin posibilidad alguna de salvarse (1 Timoteo 1:15, Romanos 5:6-8).

Quisiera notar algunos puntos en base a la Biblia y el relato anterior:

-Así como yo no podía salvarme ese día, la Biblia nos enseña que el pecador tampoco puede hacerlo, por causa del pecado en su vida es imposible que haga algo a su favor (Efesios 2:1, 8-9)

-Así como estaba ese socorrista dispuesto a ayudarme, así de cerca lo está Jesús, dispuesto a salvar al pecador. (Juan 10:9, Apocalipsis 3:20).

-Aquel socorrista no me ayudó mientras miraba que yo estaba luchando, me sujetó en el momento que me rendí (esto lo hacen ellos para hacer más fácil y efectivo el rescate)… Mientras tú luches por salvarte, Jesús no te salvará; él lo hará en el momento que tú te des cuenta que es inútil que luches y te rindas ante él, confiando en él plenamente. (Juan 3:36, 6:40).

¡Amigo! Deja de luchar porque es inútil. Reconoce tu necesidad de ser salvo. Ante Dios reconoce tu pecado y cree en Jesús quien murió en la cruz para salvarte de las llamas eternas que no pueden ser apagadas. (Lucas 19:10)

¿Confiarás en él?