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7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Isaias 53:7

La Bíblia describe al Señor como algo tan maravilloso, tan grande, que hasta los cielos y el firmamento son testigos de su poder, de su actuar, de su hacer (Salmo 19:1).

El profeta Isaías nos dice de su grandeza como creador y de su sabiduría:

12 ¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?
13 ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?
14 ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia?

Isaías 40:12-14

Su poder es incomparable. Nuestra conocimiento no puede en realidad poder medir lo grande que es el Señor. Primero porque es imposible. Segundo, porque nos define como seres tan pequeños ante la gloria y grandeza de nuestro Señor.

Pero hay algo bien interesante. Tiene que ver con el Señor Jesucristo y su humildad y también como se humilla. Tiene que ver con la obediencia y su amor para con nosotros. La misericordia y la gracia del Señor es proporcionalmente tan grande como lo es El.

La pregunta es, si el Señor es tan grande, tan poderoso, tan lleno de sabiduría y nosotros somos tan pequeños, rebeldes, tan irreverentes antes El, ¿Cómo sería posible entonces que El gran Dios, nuestros Señor ahora se encuentra sin decir nada ante quienes lo persiguen y está callado en frente del tribunal que lo va a sentenciar a ser crucificado? Lucas 23

En Génesis vemos que con su palabra el creó la luz! (Génesis 1:1) Y vemos como con su palabra paró una tormenta (Mateo 8:23-27), y vemos en Job 40:9 que su voz es como un trueno:– ¿Tienes tú un brazo como el de Dios? ¿Y truenas con voz como la suya? – Le pregunta el Señor a Job.

Pero veamos cómo el Señor está callado…No truena su voz. No responde a las preguntas de su inquisidores. No habla, “como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció”…¿Por qué? ¿Cómo es posible eso, que el Dios y Rey de reyes, esté callado? ¿Será que está derrotado?¿Acaso ha ganado el mal?

No! Jamás. Es que tenemos que entender, que el Señor se está entregando para salvarnos de nuestros pecados.

De haber renegado el Señor por la situación en la que estaba era renegar contra su Padre. Y jamás haría eso Jesús. El sabía el plan de la salvación y el costo. El tenía pleno conocimiento de que era el Cordero de Dios. Tanto así que lo vemos orando y angustiado hasta la muerte, sudando sangre en el jardín de getsemaní (Mateo 26:36-46) El haber hablado, sería haber renegado ante el plan de la salvación. El haber hablado hubiera significado desobedecer a la misma palabra misma de Dios.

El Señor, y su poderosa voz, está enmudecido, no porque sus enemigos le eviten que hablen, sino porque El no va a hablar. Porque su palabra ya lo había dicho y el es obediente. No hay nada mas que decir. El mal ahora va a enseñar sus colmillos y tratará de vencer con su maldad al Señor Jesús.

El Señor calló por usted y por mi. El ahora se entrega y da su vida por nosotros, para que nuestra injusticia sea expuesta a su justicia y a su misericordia.

Pero hay algo mas. Si bien es cierto que el Señor no habla con palabras la hace con las acciones. El solo cerrar los ojos y verle parado allí ante sus enemigos, el verle sangrando, el verle golpeado y humillado, el verle con la gente que se le acerca y le pega y escupe, el verle manso y angustiado. Esas acciones hablan… Hablan de igualmente con el mismo poder que su palabra dijo hágase la luz.

No hay que hacernos los sordo. Hay que escuchar inclusive en la postura que toma el Señor. El está callado, pero su sufrir expresa su amor y misericordia. No podemos de escuchar lo que nuestra conciencia al verse reflejada nos dice de la injusticia de nuestros pecados. Nos habla de la pobreza espiritual del hombre. Nos habla de la rebelión contra Dios y su amor. Nos habla de nuestro egoísmo y nuestra ignorancia. Nos habla de nuestra maldad en nuestros corazones. Nos habla de que si fuera posible hubiéramos estado allí crucificando al Señor.

Pero a Dios sea la gloria y alabado sea su nombre para siempre, porque Cristo obedeció por completo y ahora con admiración y adoración vemos como rompió el silencio cuandole era lícito. Esa jornada del juicio a la cruz, termina con el grito final de la misión de la salvación “ Consumado es”. El silencio roto. La batalla concluida. El Señor entrega su Espíritu al Padre, y con eso todos aquellos hombres y mujeres que creen en El, son salvos y esperan la eternidad para estar con El. EL Señor volvió a hablar, para decir te amo, y lo demuestra en la cruz. Y ahora esperamos al Señor y poder escuchar su voz

16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo;… (1 Tesalonicenses 4:16-17)

El Señor ahora no está enmudecido, a ti y a mi nos llama. Nos habla a través de su palabra, nos habla a través de sus acciones de gracia y misericordia. Nos habla porque lo necesitamos y nos ama.

No te hagas el sordo… Escuchalo! El claramente te convida.

Entrégate al Señor. El Salvador. Cristo Jesús. Cree en El y ve porque murió en la cruz.